Ejercicio del 24 de cada mes: Agosto – María: Madre, Maestra y Auxiliadora

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Tres son las perspectivas que conforman, a manera de vértices de un triángulo, y en forma profundamente ensambladas, la devoción de Don Bosco a María.

Como hombre y como creyente, María fue para Don Bosco, Madre.

Como educador de la juventud, María fue Maestra.

Como apóstol al servicio de la Iglesia, María fue Auxiliadora.

Lectura Salesiana.

Una Madre, que es Maestra y es Auxiliadora

En el Capítulo General Especial de los Salesianos se afirmó: “Don Bosco es el santo, cuyo rasgo, quizás más estupendo, es la unidad de la persona, de la vida y de la obra. Su personalidad se construia armónica y progresivamente, a partir del núcleo dinámico en el que el Espíritu de Cristo Resucitado se encontraba con un corazón rico y generoso”.

Este principio general, que caracteriza la personalidad de Don Bosco, tiene su perfecta aplicación referido al campo de la devoción mariana como la vivía y la entendía Don Bosco, y como quiso que la viviéramos y entendiéramos todos sus seguidores.

En virtud precisamente de esa estupenda unidad personal, armónica y progresiva, hay que afirmar que para Don Bosco, sobre todo a partir de la ño 1862, María fue, al mismo tiempo, simultáneamente, como un todo inseparable, Madre, Maestra y Auxiliadora.

Fue Madre que enseña y auxilia.

Fue Maestra, cercana como una Madre y Auxiliadora en las dificultades.

Fue Auxiliadora con corazón de Madre y actitud de Maestra.

Partiendo de la experiencia elemental de sentir y vivenciar a María como Madre, Don Bosco dio un segundo paso experimentándola como Maestra para culminar el proceso sintiéndola como Auxiliadora. Cada uno de estos pasos fue integrando el anterior, de tal forma que no fueron tres aspectos simplemente yustapuestos, sino aspectos profundamente integrados entre sí, y enriquecidos simultáneamente. Así, la Auxiliadora aparece como la “cúspide de lo que Don Bosco sentía repecto de María”.

Inspitándose en esta rica vivencia mariana de Don Bosco (una y múltiple al mismo tiempo), nuestra devoción salesiana a María tiene que venir marcada por estas mismas características: Madre, Maestra y Auxiliadora.

Dios nos habla (Lucas 1, 39-56)

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre». María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Meditemos la Palabra.

Después del Sí de María, Ella se convirtió en Madre: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.

Inmediatamente va a echar una mano, a prestar su auxilio, a su prima Isabel, va a servirle: “¿Cómo he merecido yo que venga a mí la Madre de mi Señor?”, diría Isable. Se producen maravillosos efectos.

Y María, inspirada, da su clase magistral. Es Maestra, porque enseña, desde su experiencia del Señor, cómo actúa Dios para nosotros y entre nosotros.

Experiencia de Don Bosco.

Emotiva la escena vivida por Don Bosco en el templo del Sagrado Corazón de Jesús en Roma durante la misa celebrada en el altar de María Auxiliadora.

“Con motivo de la consagración del nuevo templo del Sagrado Corazón de Jesús construido por Don Bosco en Roma, a petición del Papa León XIII, Don Bosco celebra la misa en el altar de María Auxiliadora. La multitud se amontona en torno al altar.

Y he aquí que, apenas iniciada la Misa, Don Bosco comienza a llorar. Un llanto largo, irrefrenable, que le acompaña casi toda la Misa. Entre la gente hay un silencio tan tenso que casi se palpa. Al final de la misa Don Bosco tiene que ser llevado casi en volandas a la sacristía. Su rostro está lleno de lágrimas. Se le pregunta: ‘Don Bosco, ¿por qué llora’. Y él contesta: ‘Tenía viva ante mis ojos la escena de mi primer sueño, a los nueve años’. Veía y oía realmente a la mamá y a los hermanos opinar sobre el sueño.

En aquel lejano sueño, la Virgen le había dicho: ‘A su tiempo lo comprenderás todo’. Ahora, repasando su vida, le parecía que realmente comprendía todo. Merecían la pena tantos sacrificios, tanto trabajo, para hacer el bien y salvar el alma de tantos jóvenes.

Era el encuentro con la Madre, la Maestra del sueño, la Auxiliadora de sus dificultades y sus tiempos difíciles. “Ella lo ha hecho todo”.

Para compartir.

Quien llega de veras a ser devoto de María Auxiliadora no puede reducir su devoción a hermosos sentimientos hacia la Virgen, a simples actos piadosos.

Sentirla Madre es experimentar la riqueza de ser, ‘por María, Familia de Dios; sentir en la común Madre, la fraternidad de Jesús.

Sentirla Maestra exige aprender y practicar en su escuela el estilo original del Evangelio.

Sentirla Auxiliadora es aceptar el compromiso apostólico que lleva a transformar el mundo.’

En la práctica ¿cómo vivimos la experiencia de sentir a María, Madre, Maestra, Auxiliadora?

Invoquemos el Auxilio de María.

Tú, María, eres inapreciable regalo, que Jesús nos hizo en la cruz haciéndote nuestra Madre. Que tu protección maternal desarrolle en nosotros la vida abundante, que de Jesús nos viene.

Auixliadora y Madre, cuídanos.

Tú, María, te presentaste ante Don Bosco como la Maestra que le enseñarías la verdadera ciencia y el estilo de atender y educar a los jóvenes y niños que le confiabas. Que también nos acompañes a nosotros durante nuestra vida para realizar con acierto el proyecto que Dios nos ha confiado.

Auxiliadora, Madre y Maestra, cuídanos y oriéntanos.

Tú, María hiciste experimentar a Don Bosco tu protección y auxilio en tal manera que él debió reconocer y proclamar: “Ella lo ha hecho todo”. Que también cada uno de nosotros experimente en las situaciones, no siempre fáciles, de la vida tu maternal auxilio.

Auxiliadora, Madre y Maestra cuídanos, oriéntanos y protégenos.

Oración: Señor Jesucristo, que diste a Don Bosco como Madre, Maestra y Auxiliadora a tu Madre Santísima y, por su medio, le indicaste el campo de misión y le inspiraste la fundación de la Familia Salesiana, sigue mirándonos con benevolencia, y haz que sintamos siempre viva en nosotros la presencia y la obra de María, Madre de la Iglesia y Auxiliadora de los cristianos.

Puestos en tus manos y guiados por Ella, concédenos ser testigos de tu amor inagotable. Tú que vives por los siglos de los siglos. Amén.

María, Auxiliadora de los Cristianos, ruega por nosotros. Amén.

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