1864: Las espadas y los números

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, San Juan Bosco, Don BoscoEn el año de 1864 —cuenta Don Lemoyne— al anunciar la muerte de los jóvenes Aiacini y Vicini, Don Bosco dijo a Domingo Tomatis, compañero de ambos, que comería mucho pan con Don Bosco; esto es, que viviría muchos años y que se haría salesiano. Una noche Tomatis tuvo un sueño que recordó siempre y que le sirvió de consuelo en todas las circunstancias penosas de la vida.

Se le apareció resplandeciente y de bellísimo aspecto, el ya difunto Vicini, el cual tomándole de la mano y llevándole a una balaustrada le señaló la estatua de María Auxiliadora que campeaba sobre la cúpula de su templo. Hay que notar que de dicha iglesia sólo existían entonces los cimientos; y a pesar de ello, la mostró entonces completamente terminada, en toda su grandiosa majestad. Vicini le dijo:
—¿Ves allá arriba? Esa es tu vida. Sigue fielmente los consejos de Don Bosco y después vendrás al Paraíso conmigo.

Mientras hablaba, Tomatis le miraba al rostro y le parecía leer en su alma cuánto le agradecía el compañero aparecido el afecto que aún le profesaba. Días después, habiendo ido a confesarse con Don Bosco, el Santo dijo a su penitente frases equivalentes a las que le había dicho en el sueño Vicini, causando esto gran admiración al muchacho.

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En otra ocasión Don Bosco narró el sueño de las espadas que pendían sobre el lecho de cada uno de los alumnos y de los números escritos sobre la frente de los mismos, que indicaban los años que restaban de vida a cada uno de ellos.

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Todos los jóvenes fueron a preguntar al buen padre el misterio del presente y el porvenir que les aguardaba. También Tomatis pidió a Don Bosco ¡e informara sobre ¡o que le interesaba, a saber, si según el sueño qué había tenido el [Santo], viviría mucho o poco. Don Bosco le replicó:
—Te podría indicar el tiempo exacto, pero no sería conveniente el hacerlo. No te preocupes por eso; piensa en ser bueno, pues ¡legarás a ser sacerdote de Don Bosco y tendrás que ayudarle a salvar muchas almas. Esta respuesta fue el germen de la vocación del muchacho, pues nunca anteriormente había pensado en abrazar el estado religioso.

Continuando con entusiasmo sus estudios, en el tercer curso de bachillerato consiguió el primer premio en retórica; pero al terminar sus estudios de latín, le asaltaron ciertas dudas, llegando casi a olvidar el pasado y laspalabras que le dirigiera Vicini en el sueño, como también las de Don Bosco.

Habiendo ido a pasar las vacaciones a Trinitá de Mondouí, su pueblo natal, determinó entrar en la Compañía de Jesús, a la cual pertenecían ya dos tíos suyos. Consultócon uno de ellos, el cual le aconsejó que reflexionara bien sobre el paso que se proponía dar; el joven lo pensó, rezó mucho, se proveyó de la documentación necesaria, hizo la solicitud de admisión y fue aceptado en la Compañía, esperando se le fijara la fecha en que había de dirigirse al Principado de Monaco. Le acompañaría un joven del Cottolengo.

Tomatis fue a Turín y antes de marcharse para su destino fue a hacer un visita a Don Bosco para confesarse con él y despedirse. El Santo lo escuchó y después de la absolución le dijo:
—¿Has ido ya a tomarte la medida de la sotana?
—No, Don Bosco. He pensado hacerme jesuita; ya he hecho todas las diligencias necesarias.
—Pues debes ir al sastre— continuó Don Bosco para que te tome la medida.
—Pero, es que hoy tengo que salir para Monaco.
—Mira, haz lo que te digo —continuó el Santo—. Dentro de unos días se colocará el último ladrillo de la cúpula de la iglesia y haremos una hermosa fiestecita. Entonces bendeciré tu sotana y te la impondré. Quédate hoy a comer con nosotros y esta tarde irás al sastre para que te tome la medida.

El Santo, adoptando entonces un ademán solemne, continuó:
—¿Es que acaso te has olvidado de cuanto hemos hablado y de lo que te dije hace tiempo. Y repitió unas palabras semejantes a las que en el sueño le había dicho Vicini, de forma que a Tomatis se le presentó en la Imaginación la figura queridísima del amigo, sintiendo en aquel momento su voluntad completamente cambiada. Se quedó a comer con Don Bosco y he aquí que poco después llegó el Padre Porcheddu con gran premura, pues era ya tiempo de partir.

—Ya no me marcho— le dijo Tomatis.
—¿Por qué?, le preguntó el Padre.
—Porque Don Bosco me ha cambiado la cabeza.
—¿Entonces?
—Yo me quedo con Don Bosco.
-—¿Y las cartas que hemos mandado?
—Lo siento, pero… yo no me marcho.
—Y ¿qué le digo al Padre Tomatis, su tío?
—Dígale lo que quiera, pues yo no me muevo de aquí.
—Si es así, haga lo que quiera— terminó diciendo el Padre Porcheddu. Y sin más, se marchó.

En la noche del 23 de septiembre, Tomatis recibió la sotana de manos de Don Bosco. Desde aquel momento cesaron las dudas sobre su vocación, a pesar de las contrariedades y disgustos que hubo de soportar.

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