Ejercicio del 24 de cada mes: Marzo – Una opción mariana definitiva, Auxiliadora

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Invocar a la Virgen con el título de Auxiliadora fue una opción definitiva de Don Bosco y es también la opción definitiva de toda la Familia Salesiana.
Los Salesianos tenemos en María Auxiliadora el mayor regalo que Dios nos ha hecho. Ella es para nosotros como el rostro materno de Dios. Ella nos une en familia, nos estimula en la entrega a los jóvenes y al pueblo, y hace posible lo que parece imposible, y nos hace amar con verdadera devoción a la Iglesia, al Papa y a los Obispos.

Lectura Salesiana.

María Auxiliadora persigue a Don Bosco. Nace el Santo en 1815, un año después que Pío VII intituía la Fiesta del 24 de mayo. Y no muy lejos del lugar de su nacimiento, como ocurría con Madre Mazzarello en Mornese, existe una ermita dedicada a María Auxiliadora. En Turín encontrará también esta advocación, una imagen venerada en la Iglesia de San Francisco de Paula en la que existe incluso una asociación en su honor, inspirada en otra existente en Munich.

En 1848 se encuentra ya colocadas en su mesa de trabajo algunas estampas con el título “Auxilium Christianorum”. Pero será exactamente en 1862, en plena madurez de Don Bosco, cuando éste hace la opción mariana definitiva: Auxiliadora. “La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan difíciles que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y defender la fe cristiana”. Esa fue la confidencia que hizo al joven salesiano Juan Cagliero. Desde esa fecha el título de Auxiliadora aparece en la vida de Don Bosco y en su obra como central y sintetizador.

En la Auxiliadora Don Bosco reconoce finalmente delineado el rostro perfecto de la Señora que dio inicio a su vocación y que fue y será siempre su inspiradora y Maestra.

La Auxiliadora es la visión propia que Don Bosco tiene de María. La lectura evangélica que hace de María, la experiencia de su propia vida y la de sus jóvenes y salesianos, y su experiencia eclesial le hace percibir a María como Auxiliadora del Pueblo de Dios.

Experiencia Salesiana.

“Ella lo ha hecho todo” es uan expresión que Don Bosco repetia con frecuencia, consciente de la presencia activa de María Auxiliadora en la Familia Salesiana.

Esta conciencia de que Ella sigue presente y actúa como Auxiliadora continúa en el corazón de todos. Así lo expresan hermosamente dos artículos de las Constituciones de los Salesianos.

“La Virgen María indicó a Don Bosco su campo de acción entre los jóvenes, y lo guió y sostuvo constamente, sobre todo en la fundación de nuestra sociedad.

Creemos que María está presente entre nosotros y continúa su misión de Madre de la Iglesia y Auxiliadora de los Cristianos (art. 8).”

“María, Madre de Dios, ocupa un puesto singular en la historia de la salvación. Es modelo de oración y de caridad pastoral, maestra de sabiduría y guía de nuestra Familia… María Inmaculada y Auxiliadora nos educa para la donación plena al Señor y nos alienta en el servicio a los hermanos” (art. 92)

Dios nos habla (Juan 2, 1-11)

Tres días más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos. Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le respondió: “¿Qué quieres de mí, Mujer? Aún no ha llegado mi hora”.

Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan lo que él les diga”.

Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno. Jesús dijo: “Llenen de agua esos recipientes”. Y los llenaron hasta el borde. “Saquen ahora, les dijo, y llevénle al mayordomo”. Y ellos se los llevaron.

Después de probar el agua convertida en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de donde provenía, a pesar de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Y le dijo: “Todo el mundo sirve al principio el mejor vino, y cuando ya todos han bebido bastante, les dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final”.

Esta señal milagrosa fue la primera, y Jesús la hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Meditemos la Palabra.

Está la Virgen atenta para detectar la dificultad y el problema. No se lamenta, busca solución y actúa. Consigue de su Hijo la respuesta. Es la suya la presencia de la Madre y Auxiliadora. Nosotros debemos ser los “auxiliadores” con la “Auxiliadora”.

Para compartir.

Para Don Bosco todos los títulos de la Virgen son hermosos. Pero en su reflexión descubre que la Iglesia, la Familia, el Pueblo sencillo, los Jóvenes todos estamos en una época de la historia con un serio y profundo cambio cultural, expuestos a desorientaciones de todo tipo. Para vivir de acuerdo al Evangelio necesitamos un apoyo firme, una guía, una orientadora. Y ¿quién mejor que María, la Auxiliadora de los tiempos difíciles?

¿Son nuestros tiempos difíciles como los tiempos de Don Bosco? Si entonces él la sintió como su Auxiliadora, ¿en qué y cómo debemos sentir hoy su orientación y auxilio?

Invoquemos el Auxilio de María.

Oración a Nuestra Señora de América

Virgen de la esperanza, Madre de los pobres, Señora de los que peregrinan: óyenos. Hoy te pedimos por América Latina, el continente que Tú visitas con los pies descalzos, ofreciéndoles las riquezas del Niño que aprietas en tus brazos. Un niño frágil, que nos hace fuertes. Un niño pobre que nos hace ricos. U niño esclavo que nos hace libres. Virgen de la esperanza: América despierta. Sobre sus cerros despunta la luz de un mañana nuevo. Es el día de la salvación que ya se acerca.

Sobre los pueblos que marchaban en tinieblas ha brillado una luz. Esa luz es el Señor que tú nos diste, hace mucho, en Belén, a medianoche.

Queremos caminar en la esperanza. Madre de los pobres: hay mucha miseria entre nosotros. Falta el pan material en muchas casas. Falta el pan de la verdad en muchas mentes. Falta el pan del amor en muchos hombres. Falta el pan del Señor en muchos pueblos.

Tú conoces la pobreza y la viviste. Danos alma de pobres para ser felices. Pero alivia la miseria de los cuerpos y arranca del corazón de tantos hombres el goísmo que empobrece.

Señora de los que peregrinan: somos el pueblo de Dios en América Latina. Somos la Iglesia que peregrina hacia la Pascua. Que los Obispos tengan un corazón de padre. Que los sacerdotes sean los amigos de Dios para los hombres. Que los religiosos muestren la alegría anticipada del Reino de los cielos. Que los laicos sean, ante el mundo, testigos del Señor Resucitado.

Y que caminemos juntos con todos los hombres, compartiendo sus angustias y esperanzas. Que los pueblos de América Latina vayan avanzando hacia el progreso por los caminos de la paz en la justicia. Nuestra Señora de América: ilumina nuestra esperanza, alivia nuestra pobreza, peregrina con nosotros hacia el Padre.

Que así sea.

María, Auxiliadora de los Cristianos, ruega por nosotros.

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