Ejercicio del 24 de cada mes: Febrero – Un camino mariano a recorrer

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El verdadero devoto de María Auxiliadora admira, habla y tiene siempre presente los singulares dones con que el Señor ha enriquecido a la Virgen Santísima, particularmente su Concepción Inmaculada, su Maternidad, su Virginidad y su Asunción a los Cielos. También honra y tiene en gran estima todos aquellos títulos con que se venera a María en la Iglesia Universal y en la Iglesia Diocesana contemplándola en todos ellos como Auxiliadora querida por Dios y siempre presente eficazmente en el corazón de su pueblo.

Lectura Salesiana.

Itinerario de Don Bosco en la devoción a la Virgen.

Desde los primeros años de la vida de Don Bosco y, sobre todo, a partir del sueño de los nueve años, María se asoma a su conciencia de fe como un personaje importante interesado directamente en un proyecto de misión para su vida. Siempre será característica suya esa actitud de relación personal con la Virgen: su devoción mariana le lleva a considerar a María como una persona viva y en ella contempla y admira todas sus grandezas, sus múltiples funciones e innumerables títulos de veneración.

La devoción a María como Inmaculada, caracterizó los primeros veinte años de su sacerdocio. En esos años Don Bosco vivió con inteligente entusiasmo el clima eclesial que precedió y acompañó la proclamación dogmática de la Concepción Inmaculada de María (8 de diciembre de 1854) y las apariciones de Lourdes (1858). Al clima concepcionista se unió la preocupación pedagógica de Don Bosco de proponer un ideal de santidad y pureza a sus jóvenes. La fecha del 8 de diciembre llegó a ser una fecha céntrica en su metodología pastoral y espiritual. Una fecha que coincide también con el inicio de una de las obras salesianas más significativas: los Oratorios Festivos.

Pero se puede decir que, desde el comienzo, es la Auxiliadora la que se revela a Don Bosco, pero una Auxiliadora que poco a poco va revelando el verdadero esplendor de su rostro: Aquella que es el Auxilio de Don Bosco, de sus jóvenes, de sus salesianos, descubrirá un día definitivamente el Santo que no es otra que la Auxiliadora de los Cristianos y de todo el pueblo de Dios en camino.
Don Bosco ha llegado a ese descubrimiento basado en su propia experiencia y en la historia de la Iglesia que con tanta sabiduría conoce. Por eso ha podido afirmar: “Una experiencia de dieciocho siglos nos hace ver de modo luminoso que María ha continuado desde el cielo y con el más grande éxito la misión de Madre de la Iglesia y Auxiliadora de los cristianos que había comenzado en la tierra”.

Dios nos habla (Juan 19, 25-27)

Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.

Meditemos la Palabra.

En los momentos últimos de la vida de una persona, lo que ésta dice y hace cobra un relieve particular porque en ello condesa el máximo interés e intensifica el amor. Es el intento de querer resumir en pocos minutos toda una vida. En esos momentos especiales, entre las pocas frases que el dolor le permite pronunciar, Jesús nos deja, con su vida, el regalo de su Madre, para cuidarla y para que nos dejáramos cuidar por Ella. Tener filial devoción a la Virgen Auxiliadora es la forma hermosa de agradecerle a Jesús el don espléndido que nos dio.

Para compartir.

Uno ama sólo lo que de verdad conoce. Y conoce de veras cuando establece una sincera y profunda relación con la persona que ama. Don Bosco llegó a ser el gran Apóstol de María Auxiliadora porque durante muchos años se relacionó con la Virgen, fue conociendo su hermoso papel en la Iglesia, y experimentó su cariño y ternura de Madre y su orientación de Maestra.

Nuestra mejor forma de sentirla nuestra y de acogerla es haciendo, como Don Bosco, un itineracio mariano en nuestra vida, como, sin duda, había hecho Juan antes de que Jesús le confiara a su Madre. ¿Qué camino he hecho yo, mi familia, mi grupo para llegar a conocer y, por tanto, a amar sinceramente a la Virgen Auxiliadora?

Invoquemos el Auxilio de María.

Señor Jesús, que en los momentos de entrega total te preocupaste de confiarnos tu Madre para que te la cuidáramos, concédenos apreciar su presencia en nuestra casa y en nuestro corazón sintiendo la cercanía de su presencia.

Escucha, Señor, nuestra oración.

Señor Jesús, que antes de morir en la Cruz nos confiaste al amor y a la ternura de María Madre, concédenos valorar su protección y auxilio despertando el afecto de hijos para con Ella.

Escucha, Señor, nuestra oración.

Señor Jesús, que tuviste un recuerdo afectuoso de tu Madre y de nosotros en el momento de tu inmolación, despierta en nosotros la atención y la acogida de aquellos que, junto a nosotros, viven en soledad y desamparo.

Escucha, Señor, nuestra oración.

Jaculatoria.

María, Auxiliadora de los Cristianos, ruega por nosotros.

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