Novena en honor a San Juan Bosco: Día 01

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesianos, San Juan Bosco, Don Bosco, NovenaSeñal de la Cruz

Acto de Contrición
Jesús mi Señor y Redentor: yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas, y me has de llevar a la vida eterna.

Oración Inicial
Señor Dios Padre Celestial: Tú que has suscitado en San Juan Bosco un Educador admirable para la juventud, un benefactor eficaz para los pobres y angustiados, y un generoso bienhechor para los que necesitan salud, empleo, facilidades de estudio, tranquilidad espiritual, conversión u otra gracia especial, y que con el Auxilio de la Virgen María le has permitido hacer tantos y tan admirables prodigios a favor de los devotos que la rezan con fe, concédenos imitarlo en su gran interés por salvar almas, y por obtener el mayor bien espiritual y corporal para el prójimo. Que recordemos siempre que el bien que hacemos a los demás, lo recibe tu Hijo Jesús como hecho a Él mismo y que debemos hacer a los otros todo el bien que deseamos que los demás nos hagan a nosotros.

Por la intercesión de tan amable Protector, concédenos las gracias que te pedimos en esta novena…

[En este punto, en silencio, pide los favores que deseas obtener]

Desde ahora aceptamos que se cumpla siempre y en todo tu Santísima Voluntad, pero te suplicamos humildemente que tengas misericordia de nosotros, remedies nuestros males, soluciones nuestras situaciones difíciles y nos concedas aquellos que más necesitamos para nuestra vida espiritual y material.

Todo esto te lo suplicamos en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, quien contigo y el Espíritu Santo, vive y reina y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Súplica a María Auxiliadora
Oh María, Virgen Poderosa, grande e ilustre defensora de la Iglesia; Admirable Auxiliadora de los Cristianos; Terrible contra los enemigos del alma como un ejército en orden de batalla. Tú que has triunfado de las herejías y de los errores del mundo, consuélanos en nuestras angustias.

Fortalécenos en nuestras luchas. Asístenos en los momentos difíciles. Protégenos contra los adversarios de la salvación y a la hora de la muerte llévanos al gozo eterno del Paraíso. Amén.

Día Primero

Consideración: Infancia de San Juan Bosco
Nació nuestro Santo en Ibecho, vereda del pueblo llamado Castelnuovo, en Italia, el 16 de agosto de 1815. Sus padres Francisco Bosco y Margarita Ochiena, eran campesinos muy pobres, pero sumamente honrados, trabajadores y piadosos.

A los dos años Juanito quedó huérfano de padre pues Francisco murió casi de repente, siendo aún muy joven, por haber entrado muy acalorado en una pieza sumamente fría, al volver sudando del trabajo.

Margarita quedó viuda, con tres niños (dos hijos y un hijastro), y con la suegra paralizada en cama. Y aunque era analfabeta, y el hambre y la pobreza cundían por todas aquellas regiones, ella supo dar una educación sumamente esmerada a sus hijos y atender con gran caridad y cariño a la anciana paralizada.

Como en los alrededores no había escuela, y la mamá no tenía con que pagarle estudios, Juanito Bosco no pudo estudiar en sus primeros años. Un vecino le enseñó a leer y el jovencito por recomendación de Margarita se dedicó a leer y a aprender el catecismo, y lo hizo con tal dedicación que a los 8 años ya se sabía de memoria casi todas las preguntas. Su delicia era leer el catecismo y otros libros de religión. Cuando lo enviaban a llevar a pastar una vaquita por las orillas de los caminos, él dedicaba todos sus ratos libres a leer libros religiosos y a aprenderse el catecismo. Así, aunque no pudo ir a la escuela, superaba en sabiduría y en virtud a todos los demás niños de los alrededores.

Juan sentía un deseo inmenso de hacer biena los demás niños, de instruirlos y de enseñarlos a ser buenos cristianos. Le parecía que no había nacido sino para eso. Era su ‘carisma’ o regalo espiritual que Dios le había dado. San Pablo dice en la Sagrada Biblia que cada persona recibe de Dios algún ‘carisma’ o cualidad espiritual para que logre hacer bien a los otros. El carisma o cualidad que recibió San Juan Bosco desde muy pequeño, fue un gran gusto para instruir a la juventud, y un deseo inmenso de hacer todo el bien posible a la niñez pobre. Fue un regalo maravilloso que Dios le dio, y que él supo aprovechar al máximo.

Ejemplo: El primer sueño de San Juan Bosco
Juanito tenía 9 años y no había podido empezar estudios. Sí deseaba dedicarse a instruir a los demás niños y a librarlos del vicio y pecados, y ayudarles a hacerse mejores pero no sabía cómo hacerlo. Entonces Dios le concedió el primero de sus 159 sueños. El mismo Don Bosco lo narra de la siguiente manera.

“A la edad de 9 años tuve un sueño que me quedó impreso profundamente para toda mi vida. En el sueño me pareció que estaba junto a mi casa en un campo muy grande donde había una gran multitud de jóvenes en recreo. Unos reían, otros jugaban y otros decían mala palabras; me lancé inmediatamente en medio de ellos dándoles puñetazos y fuertes regaños para hacerlos callar. En aquel momento apareció un hombre muy venerable, de edad madura notablemente vestido. Un manto blanco cubría toda su persona, y su rostro era tan luminosos que no podía mirarlo. Él me llamó por mi nombre y me ordenó que me colocara al frente de todos esos jóvenes y añadió:
‘No con golpes sino con la mansedumbre y con la caridad debes conquistar estos tus amigos. Dedícate inmediatamente a hacerles una instrucción acerca de la maldad del pecado y de la preciosidad de la virtud”.

Confuso y lleno de miedo le respondí que yo era un pobre niño ignorante, incapaz de hablar de religión a esos jóvenes.

En aquel momento todos los jóvenes dejaron de gritar, de pelear y de decir malas palabras, y se acercaron a Aquel señor que hablaba.

Yo, casi sin darme cuenta de lo que decía añadí: ‘¿Y quién es usted que me manda estas cosas imposibles?’.

Él me respondió: ‘Precisamente porque te parecen imposibles, debes hacerlas posibles siendo muy obediente y estudiando mucho’.

-¿Y cómo podré yo estudiar si soy tan pobre?
-Yo te daré la Maestra y bajo la guía de Ella tú llegarás a saber mucho, porque sin ella, cualquier sabiduría resulta inútil- me dijo el Señor.
-Pero ¿quién es usted que me habla de esa manera?
-Yo soy el Hijo de Aquella a quien tú le rezas cada noche tres Avemarías.
-Mi mamá me dice que no trate con ninguna persona que no conozca, sin pedirle permiso a ella. Por lo tanto haga el favor de decirme su nombre.
-Mi nombre pregúntaselo a mi Madre.

Y en aquel momento vi junto a Él una Señora de majestuoso aspecto vestida con un manto que brillaba por todos lados, como si cada punto fuese una estrella muy brillante. Viéndome miedoso y confuso me hizo señas de que me acercara a ella, me tomó con bondad la mano y me dijo: ‘Mira’; yo volví a mirar, y noté que todos aquellos jóvenes habían desaparecido, y en lugar de ellos vi una gran cantidad de cabras, gatos, perros, osos y otros animales.

‘He aquí el campo donde deberás trabajar -continuó diciéndome aquella Señora- vuélvete humilde, fuerte y robusto, y todo lo que en este momento vas a ver, que le sucede a estos animales, tú deberás hacerlo con mis discípulos, los jóvenes”.

Volví entonces la mirada y he aquí que en ez de los animales feroces aparecieron grandes rebaños de mansos corderos que saltaban y balaban alrededor de aquella Señora.

En aquel punto, siempre en el sueño, me puse a llorar, y le rogué a la Señora que quisiera explicarme y hablarme de modo que yo pudiera entender, porque yo no entendía qué significaba todo aquello.

Entonces ella me puso su mano sobre mi cabeza y me dijo: ‘A su tiempo lo comprenderás todo”.

Apenas dijo esto, un ruido me despertó y todo desapareció.

Yo me quedé muy impresionado. Me parecía que las manos me dolían por tantos puños repartidos y que la cara me ardía por tantos puñetazos recibidos de esos muchachos sin educación. Después, aquel personaje y esa Señora y las cosas dichas y oídas me ocupaban de tal manera la mente que por aquella noche no pude conciliar más el sueño.

A la mañana siguiente conté el sueño: primero a mis hermanos que se echaron a reír. Luego a mi mamá y a la abuela. Cada uno daba su interpretación.

El hermano José decía: ‘Eso significa que serás pastor de animales’.

El hermanastro Antonio con seco acento exclamó: ‘Este llegará a ser jefe de bandoleros’.

La abuela aseguró: ‘No hay que creer en los sueños’.

Pero mamá Margarita dijo: ‘Quien sabe si será que vas a llegar a ser sacedote’.

Ese sueño no se me borró jamás de mi memoria”.

En la vida de Don Bosco se cumplió a la perfección lo señalado en este el primero de sus 159 sueños proféticos. Toda la vida la empleó en transformar jóenes difíciles como fieras, en buenos cristianos como mansos corderos. Los 47 años de su sacerdocio los dedicó por completo a educar a la juventud y con ayuda de María Auxiliadora obtuvo que Jesucristo convirtiera y volviera buenos cristianos a centenares de miles de jóvenes. Hoy los religiosos y religiosas fundados por San Juan Bosco tienen más de dos mil colegios en más de cien países y educan millones de jóvenes, especialmente de las clases pobres y abandonadas. Y siguen obteniendo los mismos prodigios del primer sueño: los pecadores que son como fieras se convierten en mansos corderos, o sea en católicos convencidos y prácticos.

Práctica
Pediré a Dios que envíe santos y numerosos sacerdotes a su Iglesia.

Gozos
Santo que nunca desoyes a quien confiado te implora

Ruega, Padre, por nosotros a María Auxiliadora.

Enséñanos la humildad con que ascendiste a esa altura donde hoy tu gloria fulgura en eterna claridad; y prodiga con ternura al que sufre y al que llora

Ruega, Padre, por nosotros a María Auxiliadora.

Deslumbraste de belleza, blanco lirio inmaculado la Iglesia te ha proclamado por tu angélica pureza, de la inocencia dechado, de castidad bella aurora

Ruega, Padre, por nosotros a María Auxiliadora.

El trabajo y la oración fueron tu gloria y anhelo, siempre pensando en el cielo, donde estaba tu corazón. Torna de nuestra alma el hielo en hoguera abrasadora

Ruega, Padre, por nosotros a María Auxiliadora.

¡Dadme almas! era el clamor de tu celo prodigioso, el salvarlas fue tu gozo y llevarlas al Señor, ese era el fin poderoso de tu obra redentora

Ruega, Padre, por nosotros a María Auxiliadora.

Suave apóstol de los niños, protector de su inocencia. En la tierna adolescencia colocaste tus cariños. Y cuan brillante la excelencia de tu obra educadora

Ruega, Padre, por nosotros a María Auxiliadora.

Lleno de firme confianza en el auxilio divino, proseguiste tu camino en Dios puesta la esperanza. Y Él sempre en tu ayuda vino con su mano protectora

Ruega, Padre, por nosotros a María Auxiliadora.

De la Virgen bajo el faro colocaste tus labores; por ti, ella da sus favores y es de los hombres amparo. Envía al mundo los fulgores de esa luz consoladora

Ruega, Padre, por nosotros a María Auxiliadora.

De tu obra el fundamento fue la Santa Eucaristía, pues tu alma unida vivía al Divino Sacramento. Jesús Hostia te infundía esa constancia creadora

Ruega, Padre, por nosotros a María Auxiliadora.

¡Oh Apóstol! ¡Oh Padre! ¡Oh Santo!, atiéndenos bondadoso, cambia nuestro llanto en gozo, tú que ante Dios puedes tanto, y en ti halle amparo amoroso la humanidad pecadora

Ruega, Padre, por nosotros a María Auxiliadora.

Oración Final
¡Oh! San Juan Bosco, Padre y Maestro de la Juventud, que tanto trabajaste por la salvación de las almas: se nuestro guía para bien de la nuestra, y la salvación del prójimo. Ayúdanos a vencer las pasiones y el respeto humano; enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Auxiliadora y al Papa, e implora de Dios para nosotros una santa muerte, a fin de que logremos reunirnos contigo en la gloria. Amén.

Padre Amado, haz que seamos tan santos como lo eras tú.

Padrenuestro

Avemaría

Gloria

Por la conversión de los pecadores: Dios te salve, Raina y Madre de Misericordia…

San Juan Bosco, intercede por nosotros

Señal de la Cruz

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