Novena a María Auxiliadora: Día 08

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Jesús, mi Señor y Redentor

Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno.

Propongo firmemente no volver a pecar, y confío que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas, y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oración para todos los días

Señor Dios, rey Omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene. Tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá pues resistir a tu Majestad?

Señor, Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho: “Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe”. Escucha pues nuestras oraciones.

Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y has que nuestro llanto se convierta en alegría para que viviendo alabemos tu Santo Nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Oración a María Santísima Auxiliadora

Acuérdate, ¡Oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir, que alguno de cuantos han acudido a tu socorro, haya sido abandonado por ti.

Animados por esta confianza a ti acudimos, y aunque agobiados por el peso de nuestros pecados, nos atrevemos a implorar tu favor, pues eres abogada de los pecadores y Auxilio de los Cristianos. No deseches, ¡Oh Madre de Dios!, nuestras humildes súplicas, más bien alcánzanos el perdón de nuestros pecados, luz y acierto para hacer una buena confesión de todos ellos, virtud para conservar siempre la gracia de Dios y con tu auxilio, conseguir nuestra eterna salvación.

Y si conviene para el bien de nuestras almas, te pedimos los siguientes favores:

En silencio presenta tus súplicas a María Auxiliadora

y deseamos, Madre Auxiliadora, que en todo se cumpla la voluntad de Dios. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

DÍA OCTAVO

Cuando María ruega, todo se obtiene; nada se niega.

Lectura del Santo Evangelio según san Juan (2, 1-11)

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le respondió: “Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía”. Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”.

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: “Llenen de agua estas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. “Saquen ahora -agregó Jesús- y lleven al encargado del banquete”. Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y les dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento”. Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús.

Un peligroso viaje

Me dirigía hacia los llanos viajando en un bus que descendía a gran velocidad. En una curva muy cerrada, frente a un espantoso precipio, el conductor perdió el dominio del vehículo y éste se echa a rodar roca abajo. Yo lo único que alcancé a gritar fue: “María Auxiliadora”; no alcancé a decir el “rogad por nosotros”, porque a causa del fuerte golpe quedé desmayada.

Cuando desperté estaba colgada de la saliente de una roca enredada en mis vestidos entre las piedras, sin ninguna herida grave, mientras los demás pasajeros del bus yacían destrozados y muertos en el fondo del precipio. Estoy segura de que fue la poderosa intercesión de María Auxiliadora la causa de que en este terrible accidente la única que logró quedar sin heridas haya sido esta exalumna de un colegio suyo, que en todo momento de peligro la invoca con toda su fe. (Teresa Gómez).

Práctica

Rezaré una oración por la conversión de los pecadores.

Gozos

Responder a cada uno: “Consuelo del cristiano, María Auxiliadora, al alma que implora escucha con piedad”.

La nave de San Pedro en esta mar bravía, con mano fuerte guía al puerto hasta llegar.
Sostén al gran piloto protege al Santo Padre, sobre él tiende tu manto que es manto tutelar.

Cual planta delicada que la corriente mece, en este mundo crece la tierna juventud.
¡Oh Madre!, no permitas que se aje su belleza, concédele pureza y amor a la virtud.

Acude en mi socorro ¡Oh Virgen Poderosa!, si pérfida me acosa maligna tentación.
Ahuyenta del demonio el silbo traicionero, servirte sólo quiero te doy mi corazón.

Jamás se oyó en el mundo en la extendida esfera, que alguno a ti acudiera sin ver tu compasión.
Por eso hoy a tu trono me llego con confianza, pues sé que en mi esperanza no encierra una ilusión.

Y luego allá el día de mi postrera hora, María Auxiliadora tu auxilio invocaré.
Y entonces confiado envuelto entre tu manto, con sueño dulce y santo en paz me dormiré.

Oración Final

¡Oh Dios! que por la fecunda virginidad de María nos diste al Autor de la vida y entregaste al género humano los tesoros de la salvación eterna, te rogamos que nos hagas sentir siempre el consuelo de tu protección; líbranos por su intercesión de los males presentes y de la muerte eterna; concédenos tu ayuda pues somos débiles, has que nos levantemos de nuestra maldad y que por la bondad de tan excelente Auxiliadora luchemos con valor acá en la tierra para que podamos alabar tus victorias en el cielo.

Te pedimos Señor, que nosotros tus siervos gocemos siempre de salud del alma y cuerpo, y por la intercesión gloriosa de Santa María la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo, y has que logremos en la hora de la muerte la victoria contra el maligno enemigo y obtengamos las alegrías del cielo. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Rezar un Ave María por las intenciones del Santo Padre

Jaculatorias

Jesús, José y María bendecid nuestros hogares.
Jesús, José y María libradnos de todo mal.
Jesús, José y María salvad nuestras almas. Amén.

Señal de la Cruz

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