Domingo: patrono de las embarazadas.

El 6 de septiembre de 1856 (seis meses antes de su muerte) Domingo Savio se presenta a Don Bosco:

– ¿Padre, me puede dar permiso para ir a visitar a mi mamá? Es que está gravísima.
– Claro que sí. ¿Pero, quién te ha contado que está grave?

El joven no le contestó, pero Don Bosco, que ya sabía cómo Domingo recibía mensajes de lo alto, le dio dinero para el viaje y lo envió a su casa. Al llegar al sitio donde la carretera central se encuentra con la que va a Mondonio, Domingo se encontró con su padre, que venía muy afanado a buscar a un médico.

– Hijo, tu mamá está muy grave –, le dijo, y siguió a la ciudad en busca del médico.

Domingo llegó a la casa. Todos estaban sumamente afanados porque la señora Brígida, que iba a tener un hijo (hermanito de Domingo) probablemente se iba a morir y con ella su criatura. Savio llegó al lecho donde su madre estaba sufriendo. Le dio un abrazo y un beso y enseguida se quitó un escapulario de la Virgen que él llevaba, y se lo puso en el cuello a la mamá diciendo: “Mamacita, la Virgen María te quiere dar salud“. Y salió de la pieza. ¡Ya no hacía falta que viniera el médico!.

Poco después la señora dio a luz una bella criatura, sin complicaciones de salud. Domingo al volver al colegio le dijo a Don Bosco: “La Virgen María curó a mi mamá, por medio de un escapulario que le puse al cuello“.

Aquel escapulario empezó a hacerse muy famoso. Cuando una mamá iba a tener un hijo y estaba en serios problemas de salud y con peligro de muerte para ella o para la criatura, mandaban llevarle el escapulario de Domingo Savio y la criatura nacía sin complicaciones.

Así se hizo muy famoso Domingo Savio entre las señoras y ahora miles y miles de mujeres de todo el mundo, cuando van a tener un hijo, empiezan a rezar a Domingo para que les ayude, y consiguen una imagen suya y se la cuelgan al cuello. Y su ayuda prodigiosa no se hace esperar.

Hogares que antes no tenía hijos, invocaron al joven Savio, y Dios les concedió la anhelada familia. Madre que sufrían muchísimo al dar a luz, ahora después de invocar a este joven santo han resuelto sus angustias y ya no es un calvario la llegada de un nuevo hijo. Se sigue cumpliendo lo que Jesucristo prometió: “Pedid y se os dará. Todo el que pide recibe“.

Texto: Parrroquia El Espíritu Santo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo
info@espiritusantogt.com

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