Un mes con Domingo Savio – Día 16: “Una gracia obtenida a través de un escapulario”

Santo Domingo Savio, Domingo Savio, Salesiano, Salesianos, Santidad SalesianaAl mes siguiente, ante la sorpresa de todos, Domingo pide permiso a Don Bosco para ir a ver a su madre, que se encontraba muy enferma. En efecto, no se sabe cómo lo supo, pero era cierto: la madre estaba próxima a dar a luz y el parto se presentaba sumamente peligroso. Domingo, guiado como por una fuerza invencible, corre al lado de la enferma. La madre sorprendida exclama: “¡Domingo, mi Domingo!”.

Domingo la estrecha, la abraza.

Ahora sal afuera, hijo mío. Apenas esté bien, te llamo.
-Sí mamá.

La madre baja los ojos y toca con la mano algo así como un escapulario que Domingo le ha dejado sobre el pecho. Levanta los ojos hacia el cuadro de María que cuelga en la pared y un suspiro profundo brota de su pecho.

-Me siento mejor, -exclama entre lágrimas-.

El médico llega y cuando agarra la mano de la enferma se vuelve hacia Carlos, el marido y le dice: “Todo ha pasado. Está fuera de peligro. Aquí ha sucedido algo maravilloso”.

-Sí, doctor, algo maravilloso… ¡Esto!, y agarra el escapulario que le había dejado Domingo. Domingo regresó después al oratorio y se presentó a Don Bosco para agradecerle el permiso y para decirle que su madre estaba perfectamente bien. Fueron muchas las gracias conseguidas con aquel milagroso escapulario.

PALABRAS DE DOMINGO SAVIO

Procuramos por encima de todo huir del Pecado, como de un gran enemigo que nos roba la gracia de Dios y la paz del corazón.

PISTAS DE REFLEXIÓN

¿Tú también confias plenamente en la poderosísima intercesión de la Virgen María?

¿Acudes a ella cuando sientes que no puedes continuar?

ORACIÓN

Tú que fuiste un santo desde tu nacimiento y supiste siempre entregarte al Señor sin miedo, ayúdame a que yo también me entregue a Él y deposite en sus manos mi confianza absoluta. Guíame, Domingo, para que mis pasos me conduzcan por buenos caminos; para que pueda descubrir que en la alegría se encuentra la santidad y que, con amabilidad y amor, debo hacerlo todo en nombre de Dios.

Domingo, se siempre mi modelo a seguir y que mi única preocupación sea no pecar, para que así, con mis actos pueda agradar al Señor y honrarlo con mi vida entera para que, al final de la misma pueda como tú alcanzar la santidad. Amén.

Santo Domingo Savio, ayúdame a ser como tú.

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