Un mes con Domingo Savio – Día 15: “Don Bosco ordena algunos meses de reposo”

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La salud de Domingo comienza a resentirse. Don Bosco lo nota y se preocupa. A veces llega a pensar que no podrá resistir hasta final de año. Con los enfermos Don Bosco era espléndido.

-Mira Domingo- le dijo un día Don Bosco-, voy a hacerte ver por el médico; mejor es prevenir que curar.

Y no contento con que lo viera el médico ordinario del oratorio, llamó al Dr. Francisco Vallauri. Pero el médico no encontró ninguna enfermedad específica. Se trataba sencillamente de un caso de extrema debilidad y el mejor remedio para él sería pasar unos días de reposo en el pueblo con los suyos.

Domingo, con mucho dolor, tuvo que interrumpir el año escolar y tomar el camino de Mondonio para pasar unos días de descanso con la familia. A sus amigos más íntimos les dijo en privado: -Esta separación del oratorio, de Don Bosco, de mamá Margarita, de todos mis compañeros, me es más dolorosa que todas las enfermedades juntas.

-Me voy porque Don Bosco así me lo ha ordenado. No os digo adiós, sino hasta luego. Pedid por mí.

Para el mes de agosto ya estaba de nuevo en el oratorio. Quería estar presente para la clausura del año escolar y para los exámenes. Don Bosco acababa de escribir la “Historia de Italia”, de gran impacto en aquellos momentos. Domingo participa de la alegría común.

PALABRAS DE DOMINGO SAVIO

Los ojos son dos ventanas por donde entra lo que uno quiere; podemos dejar pasar por ellas a un ángel o a un demonio con sus cuernos, y hacer que uno u otro sean dueños de nuestro corazón.

PISTAS DE REFLEXIÓN

¡Cuántas veces nos quejamos por alguna enfermedad que padecemos!, mejor dediquemos nuestro sufrimiento como un sacrificio que soportamos pacientemente por nuestro Señor.

ORACIÓN

Tú que fuiste un santo desde tu nacimiento y supiste siempre entregarte al Señor sin miedo, ayúdame a que yo también me entregue a Él y deposite en sus manos mi confianza absoluta. Guíame, Domingo, para que mis pasos me conduzcan por buenos caminos; para que pueda descubrir que en la alegría se encuentra la santidad y que, con amabilidad y amor, debo hacerlo todo en nombre de Dios.

Domingo, se siempre mi modelo a seguir y que mi única preocupación sea no pecar, para que así, con mis actos pueda agradar al Señor y honrarlo con mi vida entera para que, al final de la misma pueda como tú alcanzar la santidad. Amén.

Santo Domingo Savio, ayúdame a ser como tú.

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