Un mes con Domingo Savio – Día 14: “Más de cinco horas en éxtasis”

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Don Bosco no era amigo de muchas devociones. Nada de bolsillos llenos de santos. Pocas devociones, pero eso sí, muy sólidas. Fomentaba por todos los medios la devoción a José y a María Santísima.

Toda persona que tuviera la suerte de ver comulgar a Domingo, recibía una impresión gratísima. Parecía un Angel. Su preparación y acción de gracias a la Eucaristía, era realmente edificante; poco común en un joven de esa edad. Después, durante el día, iba también a la Capilla, para pasar unos momentos de recogimiento y oración.

Consideraba un honor y un premio el poder participar en una procesión eucarística. En algunas ocasiones Don Bosco lo envió vestido de monaguillo a participar en la procesión del “Corpus”, en la Iglesia de la Consolata, y era el mejor regalo que le podían hacer. Comulgaba todos los días, y a cada comunión le ponía una intención particular.

“Lo vi varias veces afirma el Sacristán- solo y recogido, arrodillado en un ángulo cerca del altar, en diálogo largo y fervoroso con el Señor”.

Una vez sucedió algo extraordinario. Un joven corre a la pieza de Don Bosco para decirle que Domingo ha desaparecido del oratorio. Lo han buscado por todas partes… y nada. “¿Cómo es posible?” exclama Don Bosco preocupado, mientras una idea cruza por su mente. Don Bosco, solo, sin que nadie se de cuenta, va a la Iglesia, y allá, detrás del altar, medio escondido, está Domingo. Don Bosco se le acerca, lo sacude suavemente. Domingo sorprendido pregunta:
-¿Ya terminó la misa?
-Son las tres de la tarde.

Domingo se asusta y pide perdón. Entonces, Don Bosco lo lleva consigo al comedor para que coma algo y enseguida lo envía a las clases, recomendándole que a quien le pregunte dónde estaba, responda que había salido por orden suya. Este episodio, que no es el único, demuestra la grandeza y sublimidad de ese joven, que había llegado ya a las cumbres místicas del éxtasis. Domingo había permanecido en éxtasis más de cinco horas. Por la noche madre Margarita comentaba el hecho con Don Bosco y le decía: “Cada día estoy más convencida de que este jovencito es un santo de verdad. El día menos pensado empieza a hacer milagros”.

PALABRAS DE DOMINGO SAVIO

María, quiero ser para siempre hijo vuestro; Haced que muera antes que cometer un pecado contrario a la virtud de la modestia.

PISTAS DE REFLEXIÓN

¿Te concentras en cada palabras que dices cuando rezas a Jesús?

La oración no se trata de repetir monótamente lo que está escrito, es un diálogo muy personal que tienes con Jesús.

ORACIÓN

Tú que fuiste un santo desde tu nacimiento y supiste siempre entregarte al Señor sin miedo, ayúdame a que yo también me entregue a Él y deposite en sus manos mi confianza absoluta. Guíame, Domingo, para que mis pasos me conduzcan por buenos caminos; para que pueda descubrir que en la alegría se encuentra la santidad y que, con amabilidad y amor, debo hacerlo todo en nombre de Dios.

Domingo, se siempre mi modelo a seguir y que mi única preocupación sea no pecar, para que así, con mis actos pueda agradar al Señor y honrarlo con mi vida entera para que, al final de la misma pueda como tú alcanzar la santidad. Amén.

Santo Domingo Savio, ayúdame a ser como tú.

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