Un mes con Domingo Savio – Día 13: “Nace la Compañía de la Inmaculada”

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El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX proclamaba ante todo el mundo, el dogma de la Inmaculada Concepción. Fue un despertar de fervor mariano por todas partes.

Don Bosco, devoto como ninguno de la Santísima Virgen, no podía quedarse atrás, en esa participación universal de homenaje mariano. Tratándose de la Santísima Virgen, él tenía que ser el primero. Hacía falta preparar el ambiente y Don Bosco reunía todos los días a salesianos y alumnos, y con una catequesis sencilla y efectiva, los preparaba para este magno acontecimiento. Había la costumbre de ofrecer florecillas espirituales a la Virgen. Eran pensamientos escritos, donde se indicaba el acto particular de virtud que debía hacerse cada día en honor de la Virgen. Aparecían durante toda la novena y cada uno ponía toda su buena voluntad en cumplirlo. Domingo era el primero en todo.

Mayo, el mes de las flores, era sobre todo el mes de fervor mariano, y se honraba a la Virgen con todo tipo de iniciativas, como la del joven José Bongiovanni: consistió en preparar un altarcito a la Virgen en el dormitorio para ofrecerle diariamente un homenaje especial. Don Bosco dio su aprobación. Todos debían contribuir con algo. Bello el gesto de Domingo, quien no teniendo dinero, entrega como colaboración un hermoso libro que le acababan de regalar por su conducta y aplicación. Además está siempre dispuesto para cuando lo necesiten. Sin embargo, esto le parece poco y no se contenta. Antes de comenzar el mes de mayo, se presenta a Don Bosco y le pide que le ayude y le indique la mejor manera de celebrar dicho mes.

Don Bosco, siempre práctico y exigente, que conoce a sus jóvenes y sabe que la juventud es generosa, le recomienda tres cosas: Cumplir fielmente los propios deberes, narrar diariamente un ejemplo edificante en honor de María y hacer la comunión diaria.

-¿Y qué gracia debo pedirle?, -pregunta Domingo a Don Bosco-.
-Pídele que te obtenga la salud y la gracia necesaria para hacerte santo.
-Sí, le pediré que me ayude a ser santo, que Ella esté a mi lado en el último momento de mi vida, que me asista y me conduzca al cielo.

Un compañero que ve todo el esfuerzo de Domingo y la serie de actos que está haciendo en honor de la Virgen, le pregunta un poco irónicamente:
-Bueno, Domingo y si haces todo este año, ¿qué dejarás para el año entrante?
-Ya sabré yo -le responde Domingo-. Este año hago todo lo que puedo. El año entrante, si Dios me da vida, te diré qué pienso hacer.

Pero Domingo no se contentó con eso. Su celo apostólico y espíritu de iniciativa le llevan ahora a fundar una asociación, un grupo apostólico. Consulta con sus amigos y todos están dispuestos a hacerse socios activos y a prestarle toda la colaboración. Sobre todo Rúa y Bongiovanni, toman con todo interés el asunto. Elaboran los estatutos. Don Bosco ve con gusto la formación de este grupo espontáneo debido a la iniciativa de los mismos muchachos. La Compañía o Asociación fue fundada el 8 de junio de 1856 y quedó definitivamente constituida y aprobada por Don Bosco. Nació así la Compañía de la Inmaculada.

PALABRAS DE DOMINGO SAVIO

Quiero usar mis ojos para contemplar el rostro de nuestra celestial Madre María en el Cielo, si con la gracia de Dios fuese digno de ir a verla.

PISTAS DE REFLEXIÓN

¿Dedicas unos minutos de tu día a rezarle a María Santísima Auxiliadora?

Recuerda que nadie es huérfano en este mundo; todos tenemos una Madre en el cielo que vela por nosotros.

ORACIÓN

Tú que fuiste un santo desde tu nacimiento y supiste siempre entregarte al Señor sin miedo, ayúdame a que yo también me entregue a Él y deposite en sus manos mi confianza absoluta. Guíame, Domingo, para que mis pasos me conduzcan por buenos caminos; para que pueda descubrir que en la alegría se encuentra la santidad y que, con amabilidad y amor, debo hacerlo todo en nombre de Dios.

Domingo, se siempre mi modelo a seguir y que mi única preocupación sea no pecar, para que así, con mis actos pueda agradar al Señor y honrarlo con mi vida entera para que, al final de la misma pueda como tú alcanzar la santidad. Amén.

Santo Domingo Savio, ayúdame a ser como tú.

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