1857: Los panes

San Juan Bosco, Don Bosco, SueñosHe aquí —escribe Don Lemoyne— lo que nos contaron en cierta ocasión Don Domingo Bongiovanni, [Beato] Miguel Rúa y Mons. Cagliero.

«Un día [San] Juan Don Bosco dijo en público que nos había visto a todos nosotros comiendo, distribuidos en cuatro grupos distintos. Los jóvenes que integraban cada grupo tenían en la mano un pan de diferente calidad. Unos comían un panecillo reciente, fino, sabroso; otros, un pan ordinario; quienes un pan negro, de salvado, y, por último, los postreros un pan cubierto de moho y agusanado.

Los primeros eran los inocentes, los segundos los buenos; los del pan de salvado, los que se encontraban en desgracia de Dios, pero que no estaban habitualmente en pecado, y los del último círculo o grupo, los que, estancados en el mal, no hacían esfuerzo alguno para cambiar devida».

«[San] Juan Don Bosco, después de explicar la causa y los efectos de tales alimentos, aseguró que recordaba perfectamente qué clase de pan comía cada uno de nosotros, añadiendo que si íbamos a preguntarle nos diría particularmente la forma en que nos vio. Muchos, en efecto, se presentaron a él y el Santo les fue manifestando el lugar que ocupaba en el sueño, dando tales observaciones y detalles sobre el estado de las conciencias de los demandantes, que todos quedaron persuadidos de que lo que [San] Juan Don Bosco había visto no era una ilusión, ni mucho menos una suposición temeraria, sino la mas completa realidad.

Los secretos más ocultos, los pecados callados en la confesión, las intenciones menos rectas al obrar, las consecuencias de una conducta poco recatada; como las virtudes, el estado de gracia, la vocación, en suma, todo cuanto se refería a cada una de las almas de sus jóvenes, quedaba manifiesto y profetizado. Los jóvenes al escucharle quedaban como fuera de sí por el estupor, y después de sus entrevistas con el Santo, exclamaban como la Samaritana: Dixit mihi omnia quaecumque feci. Estas afirmaciones ¡as hemos oído repetir mil y mil veces durante años y años».

Los jóvenes manifestaban a veces a algún compañero de mayor confianza el aviso o confidencia que San Juan Bosco les hacía-, pero el Santo jamás descubría estos secretos a los demás. El sueño anteriormente expuesto, que se repitió varias veces en formas diversas, mientras le ocasionaba alguna pena al hacerle ver algún espectáculo desagradable, le ofrecía también la seguridad de que un gran número de sus jóvenes vivía habitualmente en gracia de Dios.

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