La Unción de los enfermos.

Era la mañana del 24 de diciembre cuando Don Bosco dijo a don Carlos Viglietti y a don Juan Bonetti: “¡Ayudadme, ayudadme vosotros a recibir bien a Jesús! Yo estoy un tanto turbado. Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, San Juan Bosco, Don Bosco

La procesión, formada por el clero infantil y por cuantos sacerdotes y clérigos de la casa pudieron tomar parte, salió por la puerta principal de la iglesia y entró por el portón del Oratorio. Don Bosco se emocionó al oír los cánticos; pero, al ver aparecer al Santísimo Sacramento, en manos de monseñor Cagliero, rompió a llorar.

Don Bosco, revestido de estola, parecía un ángel. En aquel solemne momento, todos lloraban, muchos sollozaban. Desde aquel instante, pareció que mejoraba notablemente: se acabaron los vómitos, concluyó la respiración afanosa, durmió incluso unas cuantas horas, cosa que no había podido hacer desde bastante tiempo atrás.

Todas estas manifestaciones impresionaron de tal modo a los Superiores que monseñor Cagliero quiso administrarle la Extremaunción. Pero antes, pidió Don Bosco que se solicitara la bendición del Padre Santo para él, lo que se hizo inmediatamente. Después de recibir este último sacramento, ya no habló don Bosco más que de la eternidad, intercalando algún que otro aviso.

Texto: Parroquia El Espíritu Santo / Ilustración: Parroquia El Espíritu Santo


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